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miércoles, 3 de abril de 2013

Las tortugas, el agua, el calentador y la familia. Anécdota.


Por P. Modesto Lule msp
padremodestomsp@gmail.com





Me regalaron una tortuga hace más de un año. Pasadas unas semanas me regalaron tres más para que la primera no estuviera sola. Todas estas vivían en una pequeña pecera. El tiempo pasaba y yo les daba de comer y les cambiaba el agua, aunque no muy seguido.  Pero un día una de las tortugas comenzó a tener su caparazón muy blando. Pensé que era porque cambiaba de tamaño o por una forma propia de ellas. A la semana siguiente estaba muerta. Pasó otra semana y nuevamente noté que otra de las tortugas que quedaban vivas adquirió blandura en su caparazón. Me preocupe, pero no hice muchas cosas para remediar el problema. Al final murieron tres de las cuatro que tenía. Tuvimos que ir al pequeño acuario donde venden peces y tortugas para preguntar sobre el cuidado de las quelonios (otra forma de llamar a las tortugas). Me preguntaron que si les cambiaba el agua de la pecera todos los días, a lo cual respondí que no. Me preguntaron que si les daba de comer constantemente yo les dije que sí, pero que casi no comían. Me preguntaron que si tenían calentador a lo cual respondí que no. El vendedor de dicho lugar me dijo que ahí estaba el problema. En primer lugar a las tortugas hay que cambiarles el agua todos los días; en segundo, hay que darles de comer; y por último hay que colocarles un calentador para que el agua se mantenga en una temperatura entre los 29 y 24 grados centígrados. Si el agua es demasiado fría las tortugas pierden el apetito, no comen y por ende mueren. Pero también hay que darles de comer y sobre todo hay que cambiar el agua todos los días.